Terrores Nocturnos: Guía para Padres y Sueños Tranquilos
17/02/2026 · Actualizado: 17/02/2026

Los terrores nocturnos pueden ser una experiencia profundamente perturbadora, no solo para el niño que los experimenta, sino también para los padres y cuidadores que presencian su angustia. Estos episodios de intenso miedo y agitación durante el sueño pueden generar preocupación y ansiedad, pero comprender la naturaleza de los terrores nocturnos, sus causas subyacentes y las estrategias de intervención puede ayudar a aliviar el estrés familiar y promover un sueño más reparador. Este artículo pretende ofrecer una guía completa para padres y cuidadores, abordando desde la definición y los síntomas hasta las posibles causas, el manejo durante los episodios y las estrategias preventivas para ayudar a sus hijos a superar los terrores nocturnos.
- ¿Qué son los Terrores Nocturnos y en Qué se Diferencian de las Pesadillas?
- Identificando los Terrores Nocturnos: Signos y Síntomas
- Desencadenantes de los Terrores Nocturnos: Explorando las Causas Subyacentes
- Manejo Durante un Episodio de Terror Nocturno: Una Guía para Padres
- Estrategias Preventivas para Reducir la Frecuencia de los Terrores Nocturnos
- Cuándo Buscar Ayuda Profesional: Evaluación y Tratamiento
- Diferenciando Terrores Nocturnos de Otras Parasomnias: Un Diagnóstico Preciso
- El Impacto Emocional de los Terrores Nocturnos en Niños y Padres
¿Qué son los Terrores Nocturnos y en Qué se Diferencian de las Pesadillas?
Los terrores nocturnos, también conocidos como pavor nocturno, son un tipo de parasomnia, es decir, un trastorno del sueño que se manifiesta con comportamientos anómalos durante el sueño. Son relativamente comunes en la infancia, afectando aproximadamente entre el 1% y el 5% de los niños en edad escolar, con un pico de incidencia entre los 3 y los 6 años. Aunque pueden ser espantosos para presenciar, es importante saber que los terrores nocturnos no son un reflejo de problemas emocionales profundos en el niño, sino más bien una disfunción en la regulación del sueño.
La principal diferencia entre los terrores nocturnos y las pesadillas radica en la fase del sueño en la que ocurren. Las pesadillas se producen durante la fase REM (Rapid Eye Movement), la fase del sueño asociada con los sueños vívidos y la consolidación de la memoria. Los terrores nocturnos, en cambio, se desarrollan durante el sueño no REM, particularmente en las etapas más profundas del sueño, cuando el cuerpo está altamente relajado y la actividad cerebral es mínima. Esta diferencia explica por qué, a diferencia de las pesadillas, los niños que sufren terrores nocturnos generalmente no recuerdan el episodio al día siguiente.
Identificando los Terrores Nocturnos: Signos y Síntomas
Reconocer los terrores nocturnos es el primer paso para manejarlos de forma efectiva. Los episodios suelen comenzar con un súbito despertar del niño, a menudo acompañado de un grito o un llanto agudo. El niño puede parecer estar despierto, pero en realidad se encuentra en un estado confuso y desorientado, entre el sueño y la vigilia. A menudo, los ojos están abiertos, pero la mirada es fija y carente de enfoque, y puede haber una expresión de terror en el rostro.

Otros síntomas comunes incluyen movimientos bruscos, como agitar los brazos y las piernas, sentarse en la cama y gritar frases inconexas o incoherentes. El niño puede resistirse a ser consolado y, en algunos casos, incluso intentar escapar de la cama. Es importante destacar que, a pesar de la aparente angustia, el niño generalmente no está realmente peligro, aunque su comportamiento pueda ser alarmante para los padres. Una vez que el episodio ha terminado, el niño suele volver a dormirse rápidamente y no tiene ningún recuerdo del evento al día siguiente.
Desencadenantes de los Terrores Nocturnos: Explorando las Causas Subyacentes
Si bien la causa exacta de los terrores nocturnos no se conoce por completo, se cree que son el resultado de una inmadurez en el sistema nervioso central, que interfiere con la transición suave entre las diferentes etapas del sueño. Sin embargo, varios factores pueden aumentar el riesgo de que un niño experimente terrores nocturnos. Entre los desencadenantes más comunes se encuentran:
- Estrés y Ansiedad: Los periodos de estrés emocional o ansiedad, ya sea por problemas escolares, familiares o sociales, pueden contribuir a la aparición de terrores nocturnos. Eventos traumáticos, como la pérdida de un ser querido o una mudanza, también pueden desencadenar estos episodios.
- Privación de Sueño: La falta de sueño o un horario de sueño irregular puede alterar el ciclo natural del sueño y aumentar la probabilidad de terrores nocturnos. Asegurar que el niño duerma las horas recomendadas para su edad es fundamental.
- Fiebre y Enfermedades: La fiebre y otras enfermedades pueden interrumpir el sueño y desencadenar terrores nocturnos.
- Medicamentos: Algunos medicamentos, especialmente aquellos que afectan el sistema nervioso central, pueden aumentar el riesgo de parasomnias.
- Apnea del Sueño: La apnea del sueño, una condición en la que la respiración se interrumpe repetidamente durante el sueño, también se ha asociado con terrores nocturnos.
- Factores Genéticos: Existe evidencia de que los terrores nocturnos pueden tener un componente hereditario, ya que tienden a ser más comunes en familias con antecedentes de parasomnias.
- Cambios en el Entorno: Cambios significativos en el entorno del niño, como una nueva habitación, guardería o escuela, pueden generar estrés y contribuir a la aparición de terrores nocturnos.
Manejo Durante un Episodio de Terror Nocturno: Una Guía para Padres
Presenciar un episodio de terror nocturno puede ser angustiante, pero es crucial mantener la calma y actuar con precaución para evitar agravar la situación. El objetivo principal es garantizar la seguridad del niño y ayudarlo a volver a dormirse sin causarle más angustia. Aquí hay algunas pautas para seguir durante un episodio:
- Mantener la Calma: Es fundamental mantener la calma y evitar entrar en pánico, ya que la ansiedad de los padres puede transmitir al niño.
- No Despertar Bruscamente: Evitar despertar bruscamente al niño, ya que esto puede desorientarlo aún más y provocar una reacción de miedo. En lugar de eso, observe al niño desde la distancia y háblele suavemente para tranquilizarlo.
- Guiar Suavemente: Si el niño intenta levantarse de la cama, guíalo suavemente de regreso a la cama, evitando el contacto físico directo, a menos que sea necesario para evitar que se lastime.
- Minimizar los Estímulos: Apague las luces y reduzca al mínimo los ruidos y los estímulos externos que puedan aumentar la confusión del niño.
- Evitar las Preguntas: No intente hacer preguntas al niño ni hablarle sobre el episodio, ya que probablemente no lo recuerde y esto puede confundirlo aún más.
- Garantizar la Seguridad: Asegúrese de que el entorno sea seguro y libre de objetos que puedan causar lesiones si el niño se mueve involuntariamente.
Estrategias Preventivas para Reducir la Frecuencia de los Terrores Nocturnos
Si bien no siempre es posible prevenir los terrores nocturnos por completo, hay varias estrategias que los padres pueden implementar para reducir su frecuencia e intensidad:

- Establecer un Horario de Sueño Regular: Acostar y levantar al niño a la misma hora todos los días, incluso los fines de semana, ayuda a regular el ciclo natural del sueño.
- Crear un Ambiente Relajante para la Hora de Dormir: Establecer una rutina relajante antes de acostarse, como un baño tibio, leer un cuento o escuchar música suave, puede ayudar a preparar al niño para un sueño tranquilo.
- Evitar Estimulantes Antes de Dormir: Evitar la exposición a pantallas (televisión, teléfonos móviles, tabletas) al menos una hora antes de acostarse, ya que la luz azul emitida por estos dispositivos puede interferir con la producción de melatonina, una hormona que regula el sueño.
- Asegurar un Ambiente Seguro y Cómodo: Asegúrese de que la habitación del niño sea oscura, tranquila y a una temperatura agradable. Considerar el uso de un humidificador si el aire es seco.
- Manejar el Estrés: Ayudar al niño a manejar el estrés y la ansiedad mediante técnicas de relajación, como la respiración profunda o la meditación, puede reducir la probabilidad de terrores nocturnos.
- Considerar la Terapia Cognitivo-Conductual: En algunos casos, la terapia cognitivo-conductual (TCC) puede ser útil para abordar los problemas emocionales subyacentes que pueden estar contribuyendo a los terrores nocturnos.
Cuándo Buscar Ayuda Profesional: Evaluación y Tratamiento
En la mayoría de los casos, los terrores nocturnos no requieren tratamiento médico y suelen desaparecer por sí solos a medida que el niño crece. Sin embargo, es importante buscar ayuda profesional si:
- Los Episodios son Frecuentes o Intensos: Si los episodios ocurren varias veces por semana o son particularmente angustiantes para el niño o para los padres.
- El Niño se Lesiona Durante los Episodios: Si el niño se lastima durante los episodios de terror nocturno, como al caerse de la cama o golpear objetos.
- Los Episodios Interfieren con la Calidad de Vida: Si los episodios interfieren significativamente con el sueño del niño o con la rutina familiar.
- Existe una Posible Condición Médica Subyacente: Si se sospecha que los terrores nocturnos están relacionados con una condición médica subyacente, como apnea del sueño o convulsiones.
El médico puede realizar una evaluación exhaustiva para descartar otras posibles causas de los síntomas y determinar el mejor curso de acción. En algunos casos, puede recomendar pruebas adicionales, como una polisomnografía (estudio del sueño), para evaluar la arquitectura del sueño del niño. En raras ocasiones, se pueden considerar tratamientos farmacológicos, como el uso de clonazepam o melatonina, para reducir la frecuencia y la intensidad de los terrores nocturnos, pero siempre bajo supervisión médica.
Diferenciando Terrores Nocturnos de Otras Parasomnias: Un Diagnóstico Preciso
Es fundamental diferenciar los terrores nocturnos de otras parasomnias, como las pesadillas, el sonambulismo y la parálisis del sueño, para asegurar un diagnóstico y un tratamiento adecuados. Aunque todas estas condiciones se manifiestan con comportamientos anómalos durante el sueño, tienen características distintivas.
- Pesadillas: Ocurren durante la fase REM del sueño y suelen estar acompañadas de sueños vívidos y aterradores que el niño puede recordar al día siguiente.
- Sonambulismo: Ocurre durante el sueño no REM y se caracteriza por la realización de actividades físicas, como caminar, hablar o comer, sin estar completamente despierto.
- Parálisis del Sueño: Ocurre durante la transición entre el sueño y la vigilia y se caracteriza por la incapacidad temporal de moverse o hablar, a menudo acompañada de una sensación de pánico.
Un diagnóstico preciso requiere una evaluación cuidadosa de los síntomas del niño, así como la recopilación de información detallada sobre su historia clínica y sus patrones de sueño. En algunos casos, puede ser necesario realizar pruebas del sueño para confirmar el diagnóstico.

El Impacto Emocional de los Terrores Nocturnos en Niños y Padres
Los terrores nocturnos pueden tener un impacto emocional significativo tanto en los niños como en los padres. Para el niño, la experiencia de un episodio de terror nocturno puede ser aterradora y desorientadora, incluso si no recuerda el evento al día siguiente. Puede sentirse ansioso o preocupado por volver a experimentar un episodio, lo que puede afectar su calidad de sueño y su bienestar general.
Para los padres, presenciar los terrores nocturnos de su hijo puede ser extremadamente angustiante y preocupante. Pueden sentirse impotentes para ayudar al niño y pueden experimentar sentimientos de culpa o frustración. Es importante que los padres busquen apoyo emocional y no duden en hablar con un profesional si se sienten abrumados por la situación. Recuerde que no está solo y que existen recursos disponibles para ayudarle a manejar los terrores nocturnos de su hijo y a aliviar su propio estrés.
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